Para Maje.
Marzo del 2006.Primer día de clases, segundo año de secundaria, Regina Pacis. Lo recuerdo, sin duda lo recuerdo. Y es que hay sucesos que te marcan indeleblemente, sin querer o queriendo. No sabía qué esperar, cómo actuar, qué decir. Estaba asustada y confundida. Sus voces se oían divertidas, frescas, amables, pero diferentes, y no me podía fiar del todo. Una de ellas, Natalia, se me acercó más, me hablaba con ternura y sencillez. Y entonces te mencionó: “Mi mejor amiga es Maje, hoy no ha venido, es buenísima gente” Le sonreí, no tenía idea de cuánto ibas a significar para mí en los siguientes cuatro años.
Encontré una dedicatoria tuya en una agenda antigua: “Pa’ una chica super, aunque te acabo de conocer ya eres mi amiga, ojalá te vaya muy bien en el cole. TKM. Con cariño, Maje”. Tú, siempre tan alegre, tan cariñosa. Creo que yo nunca podría decirle “amiga” a alguien que recién conozco: yo, tan cerrada. Somos tan diferentes, y si bien esas diferencias nos han hecho discutir y hasta molestarnos tontamente, tengo que reconocerlo: es la causa de que te quiera hasta ahora. De los primeros dos años no recuerdo casi nada, solo el recuerdo escrito y el sonido de unas notas en violín un tanto primariosas, temblorosas, como lo que siento las pocas veces que me enfrento a un público. Por ahí también estaban unas cuantas canciones de High School Musical, los incomparables almuerzos en tu casa, salidas (y un saludo a una amiga de Jimena). Creo que ahí también empezaron las largas conversaciones sobre unas cuantas ilusiones amarradas a canciones de amor.
“Música il mio amore, il primo e ultimo”. Y ella es la que inunda nuestras vidas y nos une. Miles de canciones se me vienen a la cabeza. Regresa a mí, la primera de Il Divo, una cortavenas que sonaba única cuando la cantabas. Ahí nació aquel fanatismo por ese cuarteto de tíos, unas caras bonitas de voces hipnotizantes. “Patty, cuando vayamos a su concierto llevamos un saco de sostenes y se los lanzamos, ¿ya?” Tú soñabas con casarte en Francia con Sebastien Izambard (o, por lo menos, con uno de sus futuros hijos) y yo con David Miller, que me llevaba unos pocos veinte años. Estábamos locas, creo, pero es lo de menos: los sueños utópicos son los más hermosos. Si lo pienso más, veo una diferencia entre esos años adolescentes y mi realismo crudo de ahora, que me mantiene pegada incondicionalmente al suelo, que me hace pensar que nada está a la deriva, porque uno, y nadie más que uno mismo, hace que le pasen las cosas. En el camino me he olvidado de creer en eso que llaman soñar. Pero tú no, y eso es inconcebiblemente hermoso.
Sigamos con las canciones. Una salsa a dueto: Lo grande que es perdonar. “Intocable es tu lugar”, en la voz de Aleks Syntek. Noche de entierro, para tonear. “Alguien soy yo”. Otra historia de amor que acabó con un hijo que podría ser tu ahijado. Porqué será que no te apartas de mi mente, pido la paz para esta guerra, serías mi novia y yo tu príncipe, no sé vivir si no es contigo. Mucho pop que casi he olvidado. Recuerdo que había una canción preciosa, melancólica, la escuchábamos en un viaje de identidad. No recuerdo cuál era, ni siquiera el tono: mente frágil, cómo te quiero. Luego yo empecé a curiosear más y decías “las huevadas que escuchas” cuando escuchaba pop japonés. Fíjate, ahora no soporto escucharlo, como al latin de Viva FM 104.7. Quizá no lo sepas, pero ahora estoy enamorada de los 50s y 60s, lo que nadie escucha. Tan enferma soy. Pero aún me atrapan las canciones del inicio, así que juntarnos para tocarlas de vez en cuando no estaría mal.
No puedo dejar de mencionar a Eje. Yo entré primero, y tú fuiste al siguiente retiro. Me capturó al inicio la idea de comunidad, un grupo de chicos que quería amarse, amar y amar a Dios. Ahí encontramos amigos que sencillamente son imborrables, almas que son leales y confiables, pilares que sostienen. Algo que nos vincula, algo que es algo en esta búsqueda de lo superior. Sin embargo, no llegué a encontrar ese sentido de pertenencia. Por ahora, he decidido parar esta búsqueda sin dejar la claridad de lo que es bueno y lo que no. Tú aún perteneces a este grupo y cantas todos los sábados en el sótano. Quisiera que siempre grites fuerte ese “¡Cristo, yo te amo!”, porque ese es tu camino, es ya un estilo de vida para ti.
El último año voló más rápido de lo que esperaba. Recuerdo las conversaciones en los recreos, inundadas de risas, y de cuando en cuando unas lágrimas. Estábamos a punto de iniciar una nueva etapa: era independencia, curiosidad, ansias, miedo. No queríamos separarnos, dejar de vernos todos los días para que me digas cada cinco minutos ENFERMA cuando decía cosas sin sentido o alguna locura, o cuando no paraba de reír. El último día en Punta Cana. Era ya de noche, habíamos ido a recoger arena blanca en botellas. Nos tomamos fotos y escribíamos cosas en la arena. Nos sentamos, y ahí tú, Estefanía y yo juramos que no nos íbamos a separar nunca. Creo, y creo que tú también, que el último año nos unió más, nos mostró nuestros lados más humanos. Nos abrazó una confianza increíble, que llenó parte de mis inseguridades y vacíos. Sentía que tenía a dos humanas que realmente quería y en las que confiaban, y que estaban ahí para quererme a su modo. Y aunque tú eras la que menos compartía mis ideas y a veces llegábamos a una intolerancia hiriente, sé que toda esa sinceridad era porque realmente te importaba. Incluso nos casamos por Facebook (y luego me dejaste, maldita). Y vivimos historias de casi amor, ambas diferentes, que hasta ahora recordamos y sonreímos.
Ya estamos en el 2010, ha pasado un semestre. Logramos cosas y no logramos otras. Déjame decirte que realmente extrañé tenerte a mi lado casi todos los días de la semana. Si bien podemos jurar estar unidas, es innegable que ahora estamos increíblemente lejos. Solo nos hemos visto unas 5 veces, sino me equivoco. Estoy inmersa en un millón de nuevas posibilidades, he ido tomando rutas, pienso mucho más, pienso diferente. Me tocaron cosas inesperadas: no tienes idea de cuánto eché de menos tener a alguien a quién contarle cómo es estar enamorada por primera vez y poder llorar por aquel error tonto. Si ahora escribo esta crónica es porque a veces olvidamos todo lo bueno que vivimos hace cuatro años. Son más de mil palabras que nos ayudarán a recordar esta amistad y a creer en ella por más lejos que nos sintamos. Una cosa más: esto que escribo a las cuatro de la mañana es también para agradecerte por hacer que te quiera tanto, y hacer que confíe en ti cuando es ahora cuando ya no confío en nadie.
Hace unos días fui a un musical y escuché está preciosa canción: “Vive tu vida hoy, y ríe y ama y canta y sé feliz. No hay tiempo que perder, lo único seguro es hoy”. Quizá ahora todo ha cambiado, tenemos nuevas decisiones que tomar y afrontar, en donde el reto es mantener nuestra esencia en este mundo loco. Quizá nos de miedo lo que venga. Pero quiero que nunca olvides que el mejor de los tiempos es el ahora, y que por nada del mundo debemos dejar de amar y de reír. Créeme, soy muy afortunada: te tengo en mi presente, tengo una amiga a la que amo.