sábado, 8 de octubre de 2011

No, no es dolor. Yo creo que es placer.

Las lineas corren. 
No lo suficiente. 
Formas etéreas. 
Eternamente etéreas. 
Eternamente irrealidad. 

Lineas que trazan tu imperfección. Nuestra imperfección. Caminas a mi lado. Los números cambian ferozmente, velozmente, tras los dos puntos. Estamos cerca a la realidad. Y no es ningún deván. 

No tomes mi mano. No insistas. No te deslices en mí. Mis fragmentos se deslizan por ti, sin que quieras y que me de cuenta. El tiempo no sobra ni se excede. No permitas que lo diga. No lo digas. 
Se siente como en los campos de fresa. Es un trance. No es un trance.Se siente como si fuera real. Nunca una sonrisa tan sincera. Nunca un querer tan puro. Nunca tan viva. Soy feliz. Sí, aquí sabe a realidad. Soy Julia, un placer.

Placer como un fin denegado. George Harrison, hijo de las circunstancias. Yo no elegí no percibir bien. Pero sí elegí amar o no. No soy hija de la puta suerte. No soy hija de la bondad humana endiosada.  Pocas certezas. Soy la total responsable de la tuya. Cierro mis ojos. Cierras mis ojos. Acallar al grito con uno pensado.

Quién me va a quitar cada pedazo tuyo¿? Quién me quita el placer nuestro¿? Me regodeo en esa felicidad. Tacho al concepto de "efímero". Amor líquido. No. Nadie. Tiré al tacho la evidencia material. Postmodernidad: evidencia virtual.  Acaricio el puñado de arena que me das. Maldigo cada partícula que resbala. Mira: como estoy echada, unas cuantas caen sobre mi pecho.

Y esas cuantas cantan. Suenan. Se dejan oír.







miércoles, 5 de octubre de 2011

Solitaria literaria

"Ella es una pasión y la pasión no admite ser compartida. No se puede amar a una mujer y pasarse la vida entregado a otra y exigir de la primera una lealtad desinteresada y sin límites. Todos los escritores saben que a la solitaria hay que conquistarla y conservarla mediante una empecinada, rabiosa asiduidad."
MVLL




Siendo sincera, aún no me someto a tu condena.
(Realmente, a ninguna condena.)


Me pondré terca contigo, hasta que aceptes que no soy un simple amago de desahogo: quiero ser tu esclava.

jueves, 7 de julio de 2011

Crear para vivir, y viceversa: El Ladrón de Orquídeas (Adaptation)

La voz en off del guionista Charlie Kauffman se arremolina en un fondo únicamente negro. “Hay algo en la idea original en mi cabeza…” Rápidamente la creatividad se torna desilusión existencial: “…en mi cabeza calva.” Y de pronto es invadido por una esperanza efímera. Plantea mil y un soluciones, pero todo queda en mera reflexión: es más fácil explicar su infelicidad con una supuesta e irreparable falla en la química cerebral. Se sume nuevamente en la desesperanza. El escritor debe desarrollar necesariamente un íntimo trabajo con su mundo interno para que las historias  broten sinceras y exactas. Pero este guionista ha llevado sus abstracciones a un punto tan profundo que ahora está atrapado en una crisis profesional y personal. ¿Qué hacer cuando la genialidad creadora se paraliza, y esta se ha convertido en una necesidad vital?
El Ladrón de Orquídeas, filme del director Spike Jonze, muestra cuán cercana puede ser la ficción literaria y cinematográfica a la realidad. La creación de ficciones es una posibilidad de escape cuando la vida real es rutinaria o insatisfactoria. La imaginación  es un poderoso dios que construye mundos alternos ilimitados o fantásticos para deleite del   ser humano, que por naturaleza es creador. Y por naturaleza también es admirador: cuando no son un polo opuesto a lo real, estas historias sacian la necesidad de identificación, compañía y toma de conciencia social. Susan Orlean es una escritora sin motivaciones que es cautivada por la pasión que siente el astuto y cómico John Laroche por las fascinantes orquídeas y el riesgo de obtenerlas. Convierte esta historia real en la novela que da nombre a la cinta, revelándose como una apasionada de la pasión.
Dicho desborde captura a su vez a Charlie Kauffman, un guionista recientemente exitoso por  el guión de Cómo ser John Malkovich. Reniega de los artificiales  y monótonos tópicos (romance, triunfos personales, persecuciones, sexo)  que inundan el cine, pero no su vida. Anhela plasmar en un guión la belleza de lo simple y original, oportunidad que le da  el adaptar la novela de Orlean: la pasión en sí y las flores son bellísimos temas inexistentes en el sétimo arte. Es de este modo que la creación de historias responde a la necesidad de un altavoz.  El arte permite plasmar la belleza de las construcciones  del mundo profundamente interno. Es un espacio para que las ideas, y el modo de expresarlas, sean conocidas porque se cree en su valor. En el caso de Kauffman, porque innovan, rompen con los esquemas establecidos y van en contra de la superficialidad que invade la cultura imperante, o los clichés. Necesidad de gritar una nueva dirección, no solo a nivel profesional: también a nivel personal.

El principal recurso es la voz en off, para mostrar los más íntimos deseos y sentimientos de sus personajes,lo cual refuerza la idea del mundo interno del escritor . Las narraciones de extractos de la novela sirven para unir sutilmente a los personajes. La lluvia de ideas es acompañada de imágenes tan diversas y veloces como las divagaciones mentales, y de música puramente instrumental para reforzar la tensión o el dramatismo. Las narraciones minuciosas se unen a filmaciones detallistas para magnificar, por ejemplo, a la orquídea fantasma. El uso de flashbacks (que incluso se remontan al comienzo del mundo en un collage audiovisual)  es fundamental, ya que dinamiza la constante narración. El final del filme presenta el paso del tiempo en dos planos en una imagen atractiva: la belleza de lo simple supera a lo superfluo.
El personaje clave para el proceso de creación del guión es el gemelo de Kauffman, Donald. Su personalidad totalmente opuesta (práctica, despreocupada, optimista) sumada al hecho de que ambos son guionistas genera una competencia implícita entre la efectividad y la libertad en la creación. Donald escribe guiándose de los principios efectivos de McKee, ya que le asegurarán el éxito en un cine que busca solo entretener y ser fácilmente digerido. En cambio, para Charlie “un guionista debe intentar siempre algo nuevo: escribir es viajar a lo desconocido.” La industria te encasilla en un solo género, limitando la creación artística pura y original. Sin embargo, la multiplicidad de direcciones y la obsesiva búsqueda de fidelidad a la novela son sus nuevos límites. Es McKee quien remueve al deprimido Kauffman e impulsa el cambio a una actitud valiente.
Este cambio le da un giro al filme y lo divide. Se inician las lecciones existenciales, persecuciones con armas, y escenas dramáticas y fatales, que curiosamente es lo que se criticó en la primera parte. Charles recurre al apoyo de Donald, y juntos descubren que Orleans sigue viviendo la ficción de su obra. La orquídea no le brinda una pasión propia, pero sí una droga bajo cuyo efecto se refuerza una peligrosa relación sexual y sentimental con Laroche. Esta adicción  es  una vana ilusión que se rompe con el encuentro de los tres protagonistas y conlleva a muertes conmovedoras. Susan pierde a su amado y al mundo alterno con el que quiso escapar de la tristeza. El alto nivel de imaginación de Charlie conlleva a creer que Donald es producto de ella, puesto que culmina su misión de incentivarlo y muere. “Uno es lo que ama, no lo que le ama” lo colma de seguridad. El que trate de revivir al ser que ama cantándole Happy Together revela a un hombre que sale del mundo interno para amar. Charlie, atreviéndose a besar  la mujer que ama, descubre el poder que tienen las relaciones en la realidad para fundamentar y enriquecer la creación de ficciones.

lunes, 4 de julio de 2011

Así, sí.


I can feel your heart
beat through my shirt.
This was all I wanted,
all I want.
 I'ts all I want.

                          I'ts all I want.  
                                      I'ts all I want

                                                 I'ts all I want.
                              Just  say  yes,
just say there's nothing holding you back
It's not a test,
nor a trick of the mind
Only love.



lunes, 20 de junio de 2011

Sentir a Dios

A Dios Amor
  
Siento a Dios que camina
tan en mí,
con la tarde y con el mar.
Con él nos vamos juntos. Anochece.
Con él anochecemos. Orfandad...

Pero yo siento a Dios.
Y hasta parece que Él me dicta no sé qué buen color.
Como un hospitalario, es bueno y triste;
mustia un dulce desdén de enamorado;
debe dolerle mucho el corazón.

Oh, Dios mío, recién a ti me llego,
hoy que amo tanto en esta tarde; hoy
que en la falsa balanza de unos senos,
mido y lloro una frágil Creación.

Y tú, cuál llorarás... tú, enamorado
de tanto enorme seno girador
.
Yo te consagro, Dios, porque amas tanto;
porque jamás sonríes; porque siempre
debe dolerte mucho el corazón.

(Extraído de Los Heraldos Negros, del poeta César Vallejo)

Es curioso: el presente pasa y pasa, a medida que nos entiendo más.



viernes, 3 de junio de 2011

Intentos de desnudar el amor

¿Qué es el amor? Lo acarician como una necesidad única irremplazable que desplaza razones lógicas. Lo rozan: se dejan dominar por un deseo entronizado. Se aislan y le temen a causa del dolor que se le presupone.
 Yo me desvivo tratando de determinarlo, de encontrar las palabras precisas para encerrar su belleza. Los presentes pasan y con ellos me regocijo por un nuevo destello de lo que podría ser. Todas mis intuiciones me conducen a creer en que quizá tiene un caracter divino y perfecto, que trata de envolver a esta humanidad que busca amar, con la esperanza de ser entendido en toda su infinitud.
Hace no tantos días llegó a mis oídos una preciosa manifestación sobre la pureza del amor.

Carta de amor

Mi amor,
Sólo quiero ser sincero, si me permites
Y no te enojas.
No quiero que la hipocrecía
O la ignorancia del amor te cubran
con vestidos que no te pertenecen
Ni pasan con tu cuerpo.
Tu cuerpo es mi templo
Y no quiero salir del apuro al decirte
Por qué te quiero ni qué me gusta de ti.

Mi amor,
Si me permites, no diré
Que eres la más hermosa del mundo.
Mentiría. Ni diré
Que por ti movería montañas, ni
Atravezaría nadando océanos enteros;
No diré que por ti alcanzaría la luna
A tu mano, no dirpe tales bucles,
Inútiles palabras.
No podría hacer todo eso y me cansa mentir.

Si me permites.
Diría que en ti me encuentro
Y encuentro paz;
Que en tu mirada me pierdo
Y aquella momentánea locura
Me hace disfrutar de la vida.

Si me permites,
Diré que tus ojos despiertan mi ternura
Y mis ansias,
Que tu cuerpo me provoca y adoro
Toda la imperfección que nos envuelve.

Tomado del poemario El instinto de la memoria de Julio Del Valle.

lunes, 23 de mayo de 2011

Diez cortas...

...para Emily.

1. Cuando caminas en la PUCP, en su inmensidad verde cruzada por corredores y torres, caes en la cuenta de que caminas a la par con miles de personas más. Gente apurada, relajada, pensativa. Gente que ríe a carcajadas/gente que va abstraída con una sonrisa triste. Gente con todo tipo de trapos encima. Con audífonos, con cuadros, con libros, con abrazos.
2. Me pasa a veces que con ver a tanta gente me puedo sentir eufórica. Y hay veces en que me siento un punto más, acompañada sin nadie.
3. Y cuando pasa lo último, me sumerjo en los recuerdos, solamente en los que son lindos. En la gente que valió la pena conocer.
4. Valen, porque son aquellas personas que no olvidas. Te dejan una marquita o marca o gran marca. Depende de la calidad del lapicero con que trazaron contigo un rato.
5. Y yo no creo en el destino, como ya sabes. Las cosas pasan por algo es una justificación que relaja y carga una parte de peso en el "algo", aunque ni sepas qué es.
6. Recuerdo que preguntaste: Soy dogmática¿? Y te dije que creas, pero que busques siempre una razón más humana y lógica , para que no te asalte la duda de si sigues porque sí y punto. 
7. Hoy mi profesor de Teología escribió los nombres con que conocemos a Dios. Y sonreí porque me sorprendió verlo escribir, junto a "Abba", "Yahvé", "Jehová", la sublime palabra "amor".
8. Unos lo llaman Dios, pero yo lo llamo "amor". Porque la felicidad está en el verdadero amor, en amar verdaderamente. No en el poseer, ni en los miedos a perder, ni en recibir. Se trata de amar lo que somos, amar lo que es bueno.
9. Decidimos amar, decidimos creer en aquello que amamos con todo lo que implica. Nosotros trazamos nuestra vida, con errores que siempre serán una nada comparada con los preciosos aciertos.
10. Para mí, tú eres uno de esos aciertos en mis tantas decisiones. Por tu coherencia, por tus ánimos, por tu compañía, por tu confianza, por tu apoyo. Por tu amistad. Gracias. Te quiero, y yo no le digo "te quiero" a cualquiera.



sábado, 30 de abril de 2011

La belleza eterna del amor: Chungking Express


Cuando vi aquellas nubes etéreas atravesar velozmente un cielo que es rozado por altas y estáticas  partes de edificios grises, supe que estaba a punto de descubrir cuánta belleza, cuánto significado y cuánta emoción se pueden encerrar en una sola imagen. No son solo nubes y masas de concreto: esta fusión va más allá de lo que muestra la pantalla. Wong Kar-Wai une la magnanimidad del firmamento con el incontrolado paso del tiempo y los contrapone a una urbanidad mínima y finita. Y, con esta comparación, se cae en la cuenta de que el ser humano tiende al  deseo de lo ilimitado: lo eterno. Esto es Chungking Express: la constante necesidad humana de amar, pero no solo un momento: amar sin fecha de caducidad.
Tal cual obra posmoderna, el filme presenta dos centros, dos historias de amor, protagonizadas cada una por una pareja, en la que cada protagonista narra mediante la voz en off su propia visión de lo que acontece y de lo que entiende por amor, relaciones humanas, recuerdos y tiempo. Wong Kar Wai remarca la importancia textual como la entrada a los mundos internos subjetivos. Así pues, revela en  la abstraída  Faye el punto en que los deseos de amar son tan fuertes que llegan a concebirse como realidad. “Esa tarde tuve un sueño, estaba en su casa, me desperté al marcharme, lo que no sabía es que cuando sueñas desearías no despertar nunca.”
A espacio abierto, la cámara registra el tránsito de los protagonistas, a velocidad y en pasadizos abarrotados de gente en las persecuciones del Agente 223 (como en Fallen Angels, de similares estructura y temas pero con una crudeza mayor) o los sigue a través de un espacio urbano difuso que remarca la soledad a través de la manipulación de los colores (recurso que aumenta el dramatismo). O, como en la sublime In the Mood For Love, forma una fantástica secuencia en el Midnight Express en el que el paso del tiempo se denota por los cambios de ropa de Faye. O puede unir ambas alternativas: acelerar el primer plano y lentificar el fondo para destacar a la pareja.Wong Kar Wai también juega con los destellos de luz (que se proyecta tornasolada sobre los CDs). Muestra novedosamente a sus personajes a través de los vidrios, limpios o empañados, o reflejados con claridad en los espejos y difusamente en el aluminio. Y crea imágenes bellas y memorables: la mujer “rubia” habla sobre la imposibilidad de conocer a las personas porque cambian constantemente y, mientras tanto, se la ve reflejada en un espejo múltiple.

Pero es a puertas cerradas, donde Chunking Express desnuda a estos personajes sumidos en soledad para mostrar sus anhelos más íntimos. El Agente 663 se desprende de la rudeza del uniforme policial, y, en la solo en su departamento, se muestra en ropa interior personificando a los objetos. “No estaba seguro de si había dejado un grifo abierto o es que la casa se había vuelto más sentimental”  Le reclama fortaleza ante la decepción amorosa  a un paño de cocina y se siente “orgulloso” al ver llorar a su toalla. Faye se apropia de las llaves del departamento de su amado por la urgente necesidad de cuidar de él, de borrar los recuerdos de la azafata y ganar un lugar en la vida del Agente 663 colocando una foto suya en su espejo. Al llegar el primero de mayo, la mujer “rubia” cae abatida y frustrada mientras nadie puede verla; mientras que el Agente 223 se encierra a comer 30 latas de piña para llenar el vacío que dejó el amor, que expiró al igual que las latas. En estos dos últimos casos, la marcación constante del tiempo ha sido clave para destacar la presión de un plazo que se acorta y termina sin ambos lograr sus objetivos.


Wong Kar-Wai hace un pequeño homenaje al cine negro con el personaje de la femme fatale “rubia”. Esta es representada por una actriz asiática que oculta tras lentes oscuros y gabardina su turbio trabajo como traficante de droga. Como femme fatale, es objeto de deseo sexual de su socio extranjero. Y como femme fatale también, no tiene reparos en asesinarlo en defensa de sus propios intereses. Inmediatamente después muestra su verdadera identidad dejando caer la peluca rubia, y por un breve instante se ve su verdadero rostro. Por otro lado, en ambas historias se mantiene la estructura clásica de presentación de personajes (con la misma fórmula exacta intimidad-distancia-tiempo), desarrollo del conflicto y su posterior resolución. Las imágenes son armónicas visualmente. Sin embargo, la frescura se mantiene a través de flashbacks y flashfowards. Y el filme nunca se despega de la sinceridad de las emociones, acompañadas de rock y lentos en inglés, música de medio oriente, jazz y una interesante fusión de cuerdas/instrumento chino en tres cuartos.
Finalmente, el Agente 223 acepta su soledad unida a la caducidad de las cosas, y, a la vez, reconoce cuán valiosa es la compañía de los gratos recuerdos al recibir la llamada de la mujer “rubia”. El Agente 663, por su parte, contempla a Faye con la misma mirada que ella le dedicaba hace un año: con ojos de amor. A pesar del tiempo, ha mantenido un vínculo con todo lo que ella representa: el Midnight Express y California Dreamin’ de The Mamas & The Papas a todo volumen. Quizá las relaciones amorosas, como todo lo humano, caducan. Sin embargo, el amor, con las costumbres que crea y los recuerdos que evoca, es lo más cercano a lo infinito: nada se iguala a la plenitud que brinda el amar y ser amado. Es un sentimiento de belleza única e insuperable, belleza perfectamente capturada por Wong Kar Wai.

lunes, 11 de abril de 2011

Breve querer eterno.

Es él. Acaba de despedirse, se fue. Son algo más de las tres de la tarde, corren el viento y las palabras. Me hace dudar de si es que realmente quiere a este conglomerado disfrazado de glacial y dulce princesa. Y entonces lo recuerdo en noches pasadas. Busco. Lo releo. Y le creo, me convenzo. Lo quiero.
Sí, lo quiero. Lo quiero desde que me dijo que le parecía “bonita”. No “buena gente”, como se les dice a las amigas. No “linda”, eufemismo de buena gente. Esa madrugada me sentí  como la conocida musa de Roy Orbison. Y lo quise, o, para ser más exactos, me di cuenta de que ya lo quería.
Esto es querer de un modo diferente, que me desconcierta con placer y ternura. Un querer que mezcla mis dos polos: el racional y el emocional. Una fusión que, en mí, resulta un milagro. Tengo razones para justificar que lo necesito (¿es una simple necesidad?), para sonreír las pocas veces que me mira a los ojos, para comprender sus limitaciones. Motivos que encuentro en lo que piensa, en lo que escribe, en lo que quiere hacer. Y a la vez, me mueve esa fuerza inexplicablemente enigmática. Esa sensación única, que me hace repetirle que lo quiero, y que me ayuda a creerle, a confiar.
Maybe I'm amazed of the way I really need you.


 

domingo, 27 de marzo de 2011

Paul, maybe I'm amazed.

Todo empezó el lunes, aproximadamente a las doce, si me las quiero dar de exacta. Estaba hablando con no sé quién seguramente de algo trivial para matar el tiempo. Y entonces, sucedió. Aixa, con cierto brillito en los ojos que reconozco en mí, suelta la (im)posible noticia, que me ha vuelto (mil veces más) loca toda esta semana:

"MI MAMÁ ACABA DE DECIRME QUE VIO EN EL COMERCIO QUE VIENE PAUL, VIENE PAUL CONFIRMADO"

Inmediatamente, gritamos cual típicas chiquillas invadidas de Beatlemanía en 1962. Mi corazón jamás (ni siquiera enamorada) latió tan rápido, tan fuerte. Me faltaba el aire. Toda yo temblaba, no podía sostenerme, seguir de pie. ¿Podría ser posible? Curiosamente, en la mañana, me recriminé por enésima vez no haber ido a Argentina a verlo y escuchar Yesterday, la canción que cayó del incosciente de Paul (o del cielo, si es que Dios maneja también los sueños)."Aún falta una sola firma, lo demás ya está¡!" Aixa y yo volamos, con la respiración excesivamente agitada y la cabeza desorientada,  en busca de una computadora a confirmar la noticia. Y en efecto, era cierto que venía. Y faltaba una firma. Para cualquiera, esto último obviamente era evidencia de "nos hicieron el cuento, OTRA VEZ". Pero para mí no: iba a ver a un Beatle,mi corazón lo sintió. Y yo no me equivoco con lo que siento.

Ni siquiera yo imaginé sentir tal grado de felicidad en la vida. La emoción superlativa se encargó de que la sonrisa se mantenga intacta mientras las horas corrían. Paul estuvo presente en mí y en mis conversaciones todo el tiempo. Al día siguiente, me salí de una clase por una de LAS llamadas de mi papá: "Hijita, viene Paul McCartney. Acabo de ver la noticia. 9 de mayo es lunes. Tomo un avión y vamos al concierto". Iba a ir al concierto más importante de mi vida, a un concierto de uno de los Beatles, con el hombre que me los presentó. A los 12/13 años me mostró el video de Twist and Shout en el Shea Stadium. "Ellos eran los cantantes más importantes por los años 60s. Eran muy buenos. Su impacto en la música y en el mundo fue grande" Ni mi papá ni yo (que en ese momento apenas presté atención) imaginamos que el impacto también sería grande en mí.

Y es que ellos cambiaron mi vida por completo. Fue en el verano pasado, tenía 16 y el corazón roto por primera vez. Recordé que este músico me dijo una noche: "Los Beatles son fantásticos. Uno se puede pasar todo un día escuchándolos sin aburrirse. No es músico el que no ama a los Beatles" Me detuve a escuchar y solamente a escuchar Baby, It's You. Era hermosa, simplemente etérea. Me capturó, con su solo de celesta y un Lennon apasionado. Y fue así como un amor perdido me dio un amor que durará por siempe. Uno que ha cambiado mi manera de entender la música, de sentir la vida, de entender la esencia y vivir la felicidad. Nada se iguala a esa música tan sublime alimentada de genio curioso. Nada.

Era ya la noche tardía del jueves y me enteré que las conferencias en donde darían toda la información habían sido canceladas. Me estaba negando a renunciar a mi sueño cuando en eso un ángel llamado papá me llama. "Hija,confirmaron lo de Paul. Lo acabo de escuchar en Radio Programas, sí viene". Y, por primera vez, lloré de felicidad.

Sé que muchos han conocido la interminable alegría de cumplir un sueño así de grande. Otros se maravillan de la posibilidad de ver una leyenda musical aquí, en Lima, la que tantas veces antes había sido excluída. Quizá a algunos les halla parecido excesivo mi desborde de emoción. A los que les parecía incomprensible les hice la pregunta "Dime algo que quieras con todas tus ganas, algo que te sustente, que te sea trascendental" Sé que miles en Perú han tenido al corazón a mil de felicidad porque verán a uno de los engreídos de Liverpool.

Por ahí, un beatlemaniaco me escribió.
"Cuando me enteré, no sabes cuánto quería ir a verte y decirte VIENE PAUL! (...) Hay otros fans, pero nadie entiende como tú. Nadie entiende lo que siento"
Es un amor que cambia vidas, que inspira, que enseña a amar, que marca.
Un amor que inundará el Monumental un histórico 9 de mayo.
Es el amor por los Beatles.



P.D: Ya quiero que ese "Na na na na"! peruano se escuche fortísimo, hasta Marte¡!

viernes, 11 de marzo de 2011

Solo imagina.

Ayer sucedió algo que era mínimamente probable.
Lo puedes llamar suerte, astucia. Bien jugado.
Llámalo coincidencia, compasión, extrema consideración.
Yo lo llamo FE.

Tengo tantas utopías en la cabeza.
Tantos sueños, tantas ganas de hacer que las cosas sean diferentes.
Sí, diferentes para todos. Y para mí.
Tengo muchas ilusiones que son realmente (im)posibles.
Me han mandado a rodar tantas veces. Tengo costumbre de ser choteada.

Y qué¿?
Ayer alguien que vivió tiempo infinito atrás rapareció.
Y me dio algo que hace tiempo ni yo me doy:
una segunda oportunidad. Volver a vivir un sueño.
Puedo hacerlo, hacer cualquier cosa.
Si quiero reformar los refundidos planes educativos,
si quiero largarme a estudiar música a Europa,
si quiero pelearme con medio mundo por hacer las cosas bien,
si quiero darle a la paz una oportunidad,
si quiero que empecemos a entender, y por ende, a vivir la justicia,
si quiero amar de verdad, sin miedos sin nombre.
Si quiero con el alma, entonces sé que habré dejado por fin el mero querer.

Pero primero, quiero devolverme el placer de la sonrisa.

"Imagine all the people sharing all the world.
You may say I'm a dreamer, but I'm NOT  the only one"

Gracias a Dios por recordarme con hechos lo que un gran soñador vivió.


jueves, 10 de marzo de 2011

Crónica sobre un par de almas amigas (y algo de música).

Para Maje.

Marzo del 2006.Primer día de clases, segundo año de secundaria, Regina Pacis. Lo recuerdo, sin duda lo recuerdo. Y es que hay sucesos que te marcan indeleblemente, sin querer o queriendo. No sabía qué esperar, cómo actuar, qué decir. Estaba asustada y confundida. Sus voces se oían divertidas, frescas, amables, pero diferentes, y no me podía fiar del todo. Una de ellas, Natalia, se me acercó más, me hablaba con ternura y sencillez. Y entonces te mencionó: “Mi mejor amiga es Maje, hoy no ha venido, es buenísima gente” Le sonreí, no tenía idea de cuánto ibas a significar para mí en los siguientes cuatro años.
Encontré una dedicatoria tuya en una agenda antigua: “Pa’ una chica super, aunque te acabo de conocer ya eres mi amiga, ojalá te vaya muy bien en el cole. TKM. Con cariño, Maje”. Tú, siempre tan alegre, tan cariñosa. Creo que yo nunca podría decirle “amiga” a alguien que recién conozco: yo, tan cerrada. Somos tan diferentes, y si bien esas diferencias nos han hecho discutir y hasta molestarnos tontamente, tengo que reconocerlo: es la causa de que te quiera hasta ahora. De los primeros dos años no recuerdo casi nada, solo el recuerdo escrito y el sonido de unas notas en violín un tanto primariosas, temblorosas, como lo que siento las pocas veces que me enfrento a un público. Por ahí también estaban unas cuantas canciones de High School Musical, los incomparables almuerzos en tu casa, salidas (y un saludo a una amiga de Jimena). Creo que ahí también empezaron las largas conversaciones sobre unas cuantas ilusiones amarradas a canciones de amor.
“Música il mio amore, il primo e ultimo”. Y ella es la que inunda nuestras vidas y nos une. Miles de canciones se me vienen a la cabeza. Regresa a mí, la primera de Il Divo, una cortavenas que sonaba única cuando la cantabas. Ahí nació aquel fanatismo por ese cuarteto de tíos, unas caras bonitas de voces hipnotizantes. “Patty, cuando vayamos a su concierto llevamos un saco de sostenes y se los lanzamos, ¿ya?” Tú soñabas con casarte en Francia con Sebastien Izambard (o, por lo menos, con uno de sus futuros hijos) y yo con David Miller, que me llevaba unos pocos veinte años. Estábamos locas, creo, pero es lo de menos: los sueños utópicos son los más hermosos. Si lo pienso más, veo una diferencia entre esos años adolescentes y mi realismo crudo de ahora, que me mantiene pegada incondicionalmente al suelo, que me hace pensar que nada está a la deriva, porque uno, y nadie más que uno mismo, hace que le pasen las cosas. En el camino me he olvidado de creer en eso que llaman soñar. Pero tú no, y eso es inconcebiblemente hermoso.
Sigamos con las canciones. Una salsa a dueto: Lo grande que es perdonar. “Intocable es tu lugar”, en la voz de Aleks Syntek. Noche de entierro, para tonear. “Alguien soy yo”. Otra historia de amor que acabó con un hijo que podría ser tu ahijado. Porqué será que no te apartas de mi mente, pido la paz para esta guerra, serías mi novia y yo tu príncipe, no sé vivir si no es contigo. Mucho pop que casi he olvidado. Recuerdo que había una canción preciosa, melancólica, la escuchábamos en un viaje de identidad. No recuerdo cuál era, ni siquiera el tono: mente frágil, cómo te quiero. Luego yo empecé a curiosear más y decías “las huevadas que escuchas” cuando escuchaba pop japonés. Fíjate, ahora no soporto escucharlo, como al latin de Viva FM 104.7. Quizá no lo sepas, pero ahora estoy enamorada de los 50s y 60s, lo que nadie escucha. Tan enferma soy. Pero aún me atrapan las canciones del inicio, así que juntarnos para tocarlas de vez en cuando no estaría mal.
No puedo dejar de mencionar a Eje. Yo entré primero, y tú fuiste al siguiente retiro. Me capturó al inicio la idea de comunidad, un grupo de chicos que quería amarse, amar y amar a Dios. Ahí encontramos amigos que sencillamente son imborrables, almas que son leales y confiables, pilares que sostienen. Algo que nos vincula, algo que es algo en esta búsqueda de lo superior. Sin embargo, no llegué a encontrar ese sentido de pertenencia. Por ahora, he decidido parar esta búsqueda sin dejar la claridad de lo que es bueno y lo que no. Tú aún perteneces a este grupo y cantas todos los sábados en el sótano. Quisiera que siempre grites fuerte ese “¡Cristo, yo te amo!”, porque ese es tu camino, es ya un estilo de vida para ti.
El último año voló más rápido de lo que esperaba. Recuerdo las conversaciones en los recreos, inundadas de risas, y de cuando en cuando unas lágrimas. Estábamos a punto de iniciar una nueva etapa: era independencia, curiosidad, ansias, miedo. No queríamos separarnos, dejar de vernos todos los días para que me digas cada cinco minutos ENFERMA cuando decía cosas sin sentido o alguna locura, o cuando no paraba de reír. El último día en Punta Cana. Era ya de noche, habíamos ido a recoger arena blanca en botellas. Nos tomamos fotos y escribíamos cosas en la arena. Nos sentamos, y ahí tú, Estefanía y yo juramos que no nos íbamos a separar nunca. Creo, y creo que tú también, que el último año nos unió más, nos mostró nuestros lados más humanos. Nos abrazó una confianza increíble, que llenó parte de mis inseguridades y vacíos. Sentía que tenía a dos humanas que realmente quería y en las que confiaban, y que estaban ahí para quererme a su modo. Y aunque tú eras la que menos compartía mis ideas y a veces llegábamos a una intolerancia hiriente, sé que toda esa sinceridad era porque realmente te importaba. Incluso nos casamos por Facebook (y luego me dejaste, maldita). Y vivimos historias de casi amor, ambas diferentes, que hasta ahora recordamos y sonreímos.
Ya estamos en el 2010, ha pasado un semestre. Logramos cosas y no logramos otras. Déjame decirte que realmente extrañé tenerte a mi lado casi todos los días de la semana. Si bien podemos jurar estar unidas, es innegable que ahora estamos increíblemente lejos. Solo nos hemos visto unas 5 veces, sino me equivoco. Estoy inmersa en un millón de nuevas posibilidades, he ido tomando rutas, pienso mucho más, pienso diferente. Me tocaron cosas inesperadas: no tienes idea de cuánto eché de menos tener a alguien a quién contarle cómo es estar enamorada por primera vez y poder llorar por aquel error tonto. Si ahora escribo esta crónica es porque a veces olvidamos todo lo bueno que vivimos hace cuatro años. Son más de mil palabras que nos ayudarán a recordar esta amistad y a creer en ella por más lejos que nos sintamos. Una cosa más: esto que escribo a las cuatro de la mañana es también para agradecerte por hacer que te quiera tanto, y hacer que confíe en ti cuando es ahora cuando ya no confío en nadie.
Hace unos días fui a un musical y escuché está preciosa canción: “Vive tu vida hoy, y ríe y ama y canta y sé feliz. No hay tiempo que perder, lo único seguro es hoy”. Quizá ahora todo ha cambiado, tenemos nuevas decisiones que tomar y afrontar, en donde el reto es mantener nuestra esencia en este mundo loco. Quizá nos de miedo lo que venga. Pero quiero que nunca olvides que el mejor de los tiempos es el ahora, y que por nada del mundo debemos dejar de amar y de reír. Créeme, soy muy afortunada: te tengo en mi presente, tengo una amiga a la que amo.

sábado, 5 de marzo de 2011

¿Matarías a Hitler?


Hace una semana, en un taller de la universidad, pasaron una escena de la película “La última cena”. Son cinco jóvenes universitarios, con el liberalismo revoloteando en sus cabezas. Tienen la incesante costumbre de discutir, de lo que sea, pero discuten, argumentan sin parar. Están en plena sobremesa,  y una que otra copa de vino. El más bohemio lanza la pregunta hipotética, que más o menos va así:

Supongamos que existe la fantástica máquina del tiempo. Austria, 1909.  Estás sentado en una taberna, tomando una copa de ginebra. Y en eso, a tu costado se sienta un joven llamado Adolf, sin un testículo. Empiezan a charlar, y a medida que avanza la conversación, te das cuenta de que es nada menos que Adolf Hitler. Pintor frustrado, aún no ha hecho nada, no ha matado a nadie. Sabes lo que hará ¿Qué harías?  ¿Lo matarías?


Desde que tuve conocimiento de los crímenes de genocidio cometidos en el holocausto, detesté a la cabeza que ideó el plan de purificación de la raza aria. Soy (muy) sensible al dolor humano, a la injusticia relativa y la crueldad. Por ello, cuando llegó el momento de discutir con los otros la pregunta dije automáticamente: La respuesta es obvia. SÍ lo mataría. Es más, la discusión aquí no tendría que ser si lo matamos o no. La cuestión sería cómo matarlo. Todos estaban de acuerdo, y claro, sería ilógico rechazar la posibilidad, la oportunidad de evitar aquella masacre sistemática. La indignación está generalizada, lo matamos. Veneno en la ginebra cuando se vaya al baño.Punto.

Y luego, llega un agudo comentario: Nada, nada te asegura que vamos a evitar esas muertes si lo matamos. No sabemos si el mundo va a ser un lugar mejor ahora si lo matamos. A la duda le llegó el turno: todos empezamos a cuestionarnos entre todos.


Que si no fue él, podría haber sido otro.
Otro maldito nazi.

Ese otro hubiera matado más, o menos¿?
Y si era menos¿?

Que Alemania fue tan golpeada en la 1era GM,
que el espíritu de
resentimiento, ira, revancha y otros demonios
eran de esperarse, el odio iba a estallar sí o sí.


Pero con la 2da GM empezó la guerra nuclear,
no lo olviden.


Pero también hubo cosas buenas,
como la creación de la ONU.
 Como aprender de los errores: Miren lo que sacaron de la indemnización de la 1era GM.


Creo que podríamos hablar con él,
aprovechar que es joven aún.
Convencerlo, cargarlo de humanidad.
Nos volvemos sus patas patas!

Pero él ya era así, venía con esa ideología desde chico.
Sería muy difícil cambiarle la cabeza.
El pintaba, pero lo rechazaron en la academia.
Y si lo animamos a que siga pintando¿?

 Sería feliz, y listo, salvamos a medio mundo.


Lo mandamos a París! Sería todo bohemio, con su gorrita!
...hasta podría volverse gay, jaja!


Y si cuando tratamos de convencerlo,
SE NOS VOLTEA : nos vuelve nazis. Ay no!

Eso ya depende de cada uno.
O sino, nos conseguimos uno de esos aparatos
de las películas de acción que nos avise:
ABANDONAR MISION, con una lucecita roja!


O ponte: que seas mujer, y se enamore de ti. O viceversa!
Bueno, también podría pasar con los hombres, eh!

No podemos matarlo.
No, por derechos humanos y eso.
Es cuestión de probabilidades, y si no lo convencemos¿?
Es difícil, probablemente
NO LO CONVENCERÍAMOS NUNCA.
Y no podemos matarlo.  Cambiaríamos toda la historia, todo el mundo, lo que tenemos.
Y si es peor¿?

Saben qué¿? Le mandamos un pasaje a Perú.

Ponte que arme su guerra acá, y en vez del aguila, UN CÓNDOR, jaja!
No nada, si tiene la cabeza malograda,
hasta hace acá un genocidio con los indígenas.
.
.
.

Terminó la discusión con el joven Adolfito ileso, sus derechos humanos respetados y la risa nos recordó que era tan solo una pregunta hipotética, no nos pongamos tan serios, por favor. Me sorprendió ver que en ningún grupo se decidió matarlo. Bueno, matarlo de arranque, uno dijo que trataría de convencerlo primero, y si no resultaba...Acabó la clase, y, sin embargo, yo aún no sabía si matar o no a Hitler. Planteé la pregunta a amigos: nadie quería matarlo. Es que acaso no se atreven¿? O yo estoy no correcta¿?  Mi mamá me dijo: Yo no lo mato: le digo a alguien para que lo mate. El clásico no, pero sí (o al revés) que hace a medias.

La desazón, amargura, ira pintan mi rostro cuando leo sobre los métodos de eliminación judía, sobre la miserable vida de los refugiados. Cuando veo las imágenes, las fotos de gente que no es gente, sino huesos unidos. Cuando su rostro y todo sus ser grita desesperanza. Cuando escucho cada uno de los disparos en las películas que hablan sobre  esta inhumnidad. Cuando siento la misma maldita impotencia que siente el pianista Szpilman cuando tira  con desesperación de  las piernas de un niño que ha cavado un hueco bajo un muro para conseguir comida que le pasan del otro lado y que en vez de eso, está siendo salvajemente golpeado de este mismo otro lado por un oficial nazi. Cuando Szpilman logra rescatarlo, la criatura está muerta. No lo soporto, no puedo concebirlo. Matar o no matar.

"NO,yo no lo mataría, por una cuestión de principios. Si lo mato, me estaría igualando a él."

Esa fue la resuelta respuesta de mi papá. Y me ayudó a encontrar la mía, y creo que es porque me encontré a mí, a mis raíces, al entorno/cultura que me formó. Encontré mi piso. Creo que Hitler fue un hombre no hombre, un humano deshumanizado. No fue solo su culpa, pero la tuvo. Quizá le tengo una compasión, muy poca, y es que yo también soy una artista frustrada. Pero matar, ¿matar, como él? No, porque si lo mato él, destrozo mi humanidad y me destruyo completamente. Es decir, me mato. Como los típicos crímenes que leo en los kioscos mientras espero la combi: LOS MATA Y LUEGO SE SUICIDA. No, gracias, yo soy humana. A veces, y supongo que le ha de pasar a mucha gente, lo único que soy es un ser emocional que siente y se horroriza con razón. Y luego recuerdo, respiro y pienso. No soy animal, no puedo ser un monstruo. Y no puedo olvidar el amor por la vida.

domingo, 13 de febrero de 2011

Lo que no te dije.

A ti, mon non-amour.

Increíble, ¿no? Todo se fue a la mierda. No encuentro otro modo de decirlo, y es lamentable, porque sabes que detesto escribir frases gastadas. O quizá no es que sea increíble. Es más, sí es muy creíble: es un absurdo total esperar algo que, como tú dijiste, no va a cambiar. Y listo, mi cabeza entiende que no me merecía eso, no me hacía nada bien. No puedo seguir desgastando mi tiempo, mis ansias y todo lo que incluía el quererte, porque nada es eterno y tengo que seguir con mi vida. Y le robé la frase al hijo de Cerati: No es soberbia, es amor. Poder decir adiós es crecer. Simplemente, fue la vida.
Con todo eso, admito que aún no puedo cerrar con punto lo que ya se ha terminado hace mucho.Hoy releí, por última vez (porque ya los borré), unos correos que nos mandamos cuando todo empezó. Dijiste: “Después de todo tenemos 4 años por delante…Igual nada cambiará.” Y respondí: “…sé que siempre te voy a querer de todos modos. Creo que siempre va a ser lo mismo.”  Qué tal seguridad. Qué tal cambio, ¿no? La incredulidad de ese momento era por felicidad, por la etérea casualidad de tenernos, por querer lo mismo cuando antes nos pareció algo remoto. Y de una incredulidad pasamos a otra muy diferente: la que me deja con la desazón de no entender, de no querer a pesar de deber, de negar totalmente que pasó, de no aceptar totalmente que no pasará.

¿Qué hice? ¿Qué no hicimos? ¿Era tan difícil, como para que la situación le gane arrolladoramente a la intención? ¿Era miedo? ¿Los míos? ¿Los tuyos? ¿Qué no fue suficiente? ¿Nos importaba no herir a la gente? ¿Nosotros importábamos menos? ¿Lo que sentimos era menos que el qué dirán? ¿Lo que sentimos en realidad nunca fue lo que parecía? Nada va a cambiar. ¿Dónde quedó eso? ¿Quizá algo te cambió los planes? ¿Pude hacer algo? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde?  ¿Las excusas, las tuyas y las mías, son ciertas? ¿Cómo podría estar segura? ¿Cómo es posible que, mientras yo me haga estas y otras preguntas y tenga más de una respuesta para cada una, sea posible que tú ya hayas sentido el punto final hace mucho? ¿Por qué mierda yo no lo siento, si ya tomé una decisión?

La última vez que nos vimos, cometí un error mínimo, pero curioso: ya te había dicho que quería alejarme de ti por un buen tiempo, y sin embargo, seguía contigo. Es curioso, porque tenía otras opciones si es que realmente decidía cortarte de mi vida. Ese día, aunque no lo creas, tenía la maldita esperanza de que quisieras intentar de nuevo. De que me hicieras cambiar de opinión por segunda vez. Pero viniste con tus excusas/razones listas, algunas prefabricadas (todo el mundo las usa). Todas ellas apuntaban al implícito al que tanto temí siempre. Me había costado/cuesta mucho asimilar algo que era más evidente que el ego de los Beatles: ya no me necesitabas más.
Todo esto me parece conocido. Me recuerda a “S”, a lo que sentí por él, a las miles de preguntas que tenía en la cabeza cuando se fue sin decir nada. Nunca te conté la historia completa, pero te puedo contar el final. ¿Recuerdas que te dije que lo estaba buscando? Apareció hace poco:
Him: Necesito hablar contigo.
She: BROOER, apareciste de la nada! Te he estado buscando para devolverte tu libro!
Him: Quédatelo, no te preocupes. Pero no creo que solo por eso me hayas buscado.
She: Obvio que sí. Tú de qué quieres hablarme?
Him: Eso también es obvio. Quiero pedirte perdón.
She: Ay, por favor, eso fue hace miles! Hace rato ya te perdoné, ni te preocupes.
Him: Tú dijiste que te hice cambiar…
She: Me enamoré de ti. Ya no te veía como un objeto, además de eso, te quería. Yo sabía que tú tenías una buena razón para irte, y si quizá no entendí en ese momento, era porque era chibola poco madura, pues.
Him: Yo me enamoré de ella. Y ahora ella y mi bebé son lo más importante en mi vida. Y después de Katia (una enamorada que se murió y que lo inspira), tú para mí eres importante. Y…te quiero.
She: Gracias, en verdad! Yo ya te perdoné. Todo te va a ir genial! Cualquier cosa, a mi mail.
Him: No lo necesitaré, no te voy a hablar más, así lo he decidido. Hasta siempre, Patty.
Ese día se casaba. Y por fin podía poner punto a todo eso. La verdad es que yo tampoco quería hablar/verlo por nada. Lo de arriba no es todo. Tengo miedo porque él sabe cosas mías, me puede manipular, es obsesivo. Un día después me volvió a mandar inbox, insistiéndome: “Te necesito, no me falles, por favor, necesito distraerme” Anteayer me lo encontré en Miraflores, y me llamó, pero me fuí: prefiero cortarla ahí; por lo que sabe, me puede herir. No sabes cuántas ganas tengo de cerrar todo aquello.
Y más ganas tengo aún de cerrar esto. Si te escribo es para decirte que lo que siento hoy se rinde. Esta es la última vez que te cuento algo mío. Me preguntaste, quizá por convencionalismo, si podíamos ser amigos. Entérate: para mí nunca fuiste un amigo. No podía verte así, así que entenderás ahora porqué quiero alejarme. Tú también hiciste un cambio en mí. Por primera vez he querido a un chico por él mismo: gracias. Termino con la canción con que inició la carta con la que todo empezó.“Don’t be scared, you’ll never change what’s been and gone”. Hay cosas que sí cambian, cosas que necesitamos cambiar. Pero la esencia, lo que somos, lo que ha sido y será nunca cambiará. Espero que los miedos se rindan y nos dejen crecer. Y con tiempo y paciencia te llegaré a querer como el amigo que quieres ser. Para entonces, el “Baby, It´s you” será un “Baby, It was you”.