domingo, 13 de febrero de 2011

Lo que no te dije.

A ti, mon non-amour.

Increíble, ¿no? Todo se fue a la mierda. No encuentro otro modo de decirlo, y es lamentable, porque sabes que detesto escribir frases gastadas. O quizá no es que sea increíble. Es más, sí es muy creíble: es un absurdo total esperar algo que, como tú dijiste, no va a cambiar. Y listo, mi cabeza entiende que no me merecía eso, no me hacía nada bien. No puedo seguir desgastando mi tiempo, mis ansias y todo lo que incluía el quererte, porque nada es eterno y tengo que seguir con mi vida. Y le robé la frase al hijo de Cerati: No es soberbia, es amor. Poder decir adiós es crecer. Simplemente, fue la vida.
Con todo eso, admito que aún no puedo cerrar con punto lo que ya se ha terminado hace mucho.Hoy releí, por última vez (porque ya los borré), unos correos que nos mandamos cuando todo empezó. Dijiste: “Después de todo tenemos 4 años por delante…Igual nada cambiará.” Y respondí: “…sé que siempre te voy a querer de todos modos. Creo que siempre va a ser lo mismo.”  Qué tal seguridad. Qué tal cambio, ¿no? La incredulidad de ese momento era por felicidad, por la etérea casualidad de tenernos, por querer lo mismo cuando antes nos pareció algo remoto. Y de una incredulidad pasamos a otra muy diferente: la que me deja con la desazón de no entender, de no querer a pesar de deber, de negar totalmente que pasó, de no aceptar totalmente que no pasará.

¿Qué hice? ¿Qué no hicimos? ¿Era tan difícil, como para que la situación le gane arrolladoramente a la intención? ¿Era miedo? ¿Los míos? ¿Los tuyos? ¿Qué no fue suficiente? ¿Nos importaba no herir a la gente? ¿Nosotros importábamos menos? ¿Lo que sentimos era menos que el qué dirán? ¿Lo que sentimos en realidad nunca fue lo que parecía? Nada va a cambiar. ¿Dónde quedó eso? ¿Quizá algo te cambió los planes? ¿Pude hacer algo? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde?  ¿Las excusas, las tuyas y las mías, son ciertas? ¿Cómo podría estar segura? ¿Cómo es posible que, mientras yo me haga estas y otras preguntas y tenga más de una respuesta para cada una, sea posible que tú ya hayas sentido el punto final hace mucho? ¿Por qué mierda yo no lo siento, si ya tomé una decisión?

La última vez que nos vimos, cometí un error mínimo, pero curioso: ya te había dicho que quería alejarme de ti por un buen tiempo, y sin embargo, seguía contigo. Es curioso, porque tenía otras opciones si es que realmente decidía cortarte de mi vida. Ese día, aunque no lo creas, tenía la maldita esperanza de que quisieras intentar de nuevo. De que me hicieras cambiar de opinión por segunda vez. Pero viniste con tus excusas/razones listas, algunas prefabricadas (todo el mundo las usa). Todas ellas apuntaban al implícito al que tanto temí siempre. Me había costado/cuesta mucho asimilar algo que era más evidente que el ego de los Beatles: ya no me necesitabas más.
Todo esto me parece conocido. Me recuerda a “S”, a lo que sentí por él, a las miles de preguntas que tenía en la cabeza cuando se fue sin decir nada. Nunca te conté la historia completa, pero te puedo contar el final. ¿Recuerdas que te dije que lo estaba buscando? Apareció hace poco:
Him: Necesito hablar contigo.
She: BROOER, apareciste de la nada! Te he estado buscando para devolverte tu libro!
Him: Quédatelo, no te preocupes. Pero no creo que solo por eso me hayas buscado.
She: Obvio que sí. Tú de qué quieres hablarme?
Him: Eso también es obvio. Quiero pedirte perdón.
She: Ay, por favor, eso fue hace miles! Hace rato ya te perdoné, ni te preocupes.
Him: Tú dijiste que te hice cambiar…
She: Me enamoré de ti. Ya no te veía como un objeto, además de eso, te quería. Yo sabía que tú tenías una buena razón para irte, y si quizá no entendí en ese momento, era porque era chibola poco madura, pues.
Him: Yo me enamoré de ella. Y ahora ella y mi bebé son lo más importante en mi vida. Y después de Katia (una enamorada que se murió y que lo inspira), tú para mí eres importante. Y…te quiero.
She: Gracias, en verdad! Yo ya te perdoné. Todo te va a ir genial! Cualquier cosa, a mi mail.
Him: No lo necesitaré, no te voy a hablar más, así lo he decidido. Hasta siempre, Patty.
Ese día se casaba. Y por fin podía poner punto a todo eso. La verdad es que yo tampoco quería hablar/verlo por nada. Lo de arriba no es todo. Tengo miedo porque él sabe cosas mías, me puede manipular, es obsesivo. Un día después me volvió a mandar inbox, insistiéndome: “Te necesito, no me falles, por favor, necesito distraerme” Anteayer me lo encontré en Miraflores, y me llamó, pero me fuí: prefiero cortarla ahí; por lo que sabe, me puede herir. No sabes cuántas ganas tengo de cerrar todo aquello.
Y más ganas tengo aún de cerrar esto. Si te escribo es para decirte que lo que siento hoy se rinde. Esta es la última vez que te cuento algo mío. Me preguntaste, quizá por convencionalismo, si podíamos ser amigos. Entérate: para mí nunca fuiste un amigo. No podía verte así, así que entenderás ahora porqué quiero alejarme. Tú también hiciste un cambio en mí. Por primera vez he querido a un chico por él mismo: gracias. Termino con la canción con que inició la carta con la que todo empezó.“Don’t be scared, you’ll never change what’s been and gone”. Hay cosas que sí cambian, cosas que necesitamos cambiar. Pero la esencia, lo que somos, lo que ha sido y será nunca cambiará. Espero que los miedos se rindan y nos dejen crecer. Y con tiempo y paciencia te llegaré a querer como el amigo que quieres ser. Para entonces, el “Baby, It´s you” será un “Baby, It was you”.
 

jueves, 10 de febrero de 2011

Beat Alls!


Un amigo me pasó este video: el que hizo el guión de esto es uno de los más grandes beatlemaniacos! Increíble, me encantó :)

martes, 8 de febrero de 2011

Sobre una torre derrumbada...

"Sin los campesinos pobres, no hay revolución. Negar su papel es negar la revolución. Atacarlos es atacar la revolución"
MAO ZEDONG

Ya han pasado más de 50 años desde que Sendero Luminoso surgió en Ayacucho, apoyándose en los discursos comunistas de Mao, Marx y Lenin. Querían una revolución, un cambio hacia una nueva sociedad, iluminada por lo único real: para ellos, todo, excepto el partido, era ilusión. Intelectuales y universitarios mestizos se unieron en busca del progreso que representaba la educación. No querían más dominación, querían pasar de ser nada, de ser ignorados, de ser los grandes discriminados, A SER ALGO EN EL PERU. Ser algo, en ese entonces, era una realidad limitada a la modernización costeña, específicamente al estrato alto. Ser algo. Ser o no ser: he ahí el dilema.

Aquellos inundados de resentimiento por los explotadores (los mistis) y los que querían una solución al problema eterno de la injusticia peruana vieron al Mesías en Abimael. El presidente Gonzalo se mostraba muy intelectual, muy frío, muy firme, omnipotente, él tenía la razón. Los camaradas intelectuales sembraron la semilla de la lucha popular en los sectores más pobres de la Sierra, logrando seguidores apasionados y numerosos. Para ellos, el cambio estaba más cerca que nunca, y se necesitaba una verdadera revolución, que debía ser concretada. Debía, y no importaba si se usaba la violencía para el fin. Maquiavelo, gran maestro.

La desesperación, la ignorancia, la injusticia, la pobreza. Flagelos que perduran en nuestro Perú (el de Mario, Gastón, Juan Diego y Machu Picchu), en menor intensidad, pero ahí están. La economía ha salido muy bien plantada y parada de todo el caos inflacionario, logro reconocido en los cuatro puntos cardinales del planeta. Y sí, ahora los que migraron en busca de algo mejor lo han obtenido con (mucha) paciencia y buen humor. Tenemos centros comerciales por doquier, ha aumentado el poder adquisitivo. Consume y sé feliz.  Pero que ese no sea el colchón, la excusa para seguir postergando reformas, verdaderos proyectos de cambio a largo plazo y bien estructurados. Nada de parches, nada de obras como las que los alcaldes se alocaban por hacer a semanas de las elecciones municipales. El dinero existe, listo, ¡felicitaciones! El meollo del asunto está en elegir qué es primero, qué necesitamos, aunque sea difícil, aunque se tarde.

¿Qué necesitamos/queremos? Que la historia no se repita, por lo que más amemos,que no olvidemos por dónde pasamos para llegar a ser lo que somos. Ser hincha del Perú es una ardua tarea, considerando nuestra historia, los triunfos, los ratos amargos (amarguísimos). Si amamos lo que somos y somos el Perú, reconoceremos y aprenderemos los errores pasados para formar poco a poco el país justo y la patria con la que la mayoría de los peruanos hemos alucinado aunque sea por un instante. Hace poquitísimo le pregunté a un sociólogo si las masacres ejecutadas por SL y el MRTA no eran motivos suficientes para pensar que el terrorismo nunca regresaría. Respondió que si uno de los sectores más flagelados por el terror por la razón había votado en el 2006 por Ollanta Humala, el candidato presidencial de discurso radical, probablemente puedan encontrar apoyo a sus ataques disimulados (son pocos, pero son) y expandir su credo modificado por la flexibilidad y las ganas de camuflarse. Y me decepcioné, porque creí que era nula la posibilidad de repetir plato.

"Todos queremos un mundo mejor", frase cliché. Pero que no se quede en mera ilusión, porque a veces grandes sueños se olvidan y estancan por un buen par: el egoísmo y la flojera. Es difícil hacer una reforma integral, pero así es: lo bueno cuesta (esfuerzo, dinero, ganas, gente), y cuesta mucho. Los campesinos que querían a su mundo mejor apoyaron a Sendero para luego darse cuenta de que estos no respetaban los intereses más importantes: los derechos humanos. Se necesita un cambio humano, creado por humanos, que no se olviden de las necesidades humanas del país. La desazón que deja la injusticia puede ocasionar el olvido de toda la gente que murió inocentemente, que luchó contra la lucha popular. Porque ya se sabe: "Si no hay solución, la huelga continúa..."

domingo, 6 de febrero de 2011

Sun, sun, sun!

La escuché cuando tenía, si la memoria es buena conmigo, 8 años. Annie (que en realidad era su gemela Hallie) acababa de llegar a Inglaterra y por fin, después de 11 silenciosos años, conocía a su madre.  Mientras esta hablaba por teléfono, Lindsay Lohan se acerca curiosamente a un tocador, toca un collar de perlas y… empieza a sonar aquel hermoso punteo. Desliza suavemente un dedo, con la timidez y delicadeza con que se descubren cosas nuevas. Juega con un adorno de cristales que hacen un suave sonido y no puede evitar sonreír. Luego pasean juntas (otra primera vez) por aquellas calles tan pulcras y pasan por el conocidísimo cruce de líneas blancas del Abbey Road. La escena destila felicidad a borbotones. Una canción dulce y reconfortante que va oportunamente unida a la sonrisa de una pequeña que recién siente lo que es tener una mamá. Here comes the sun, little Darling: It’s all right.
A pesar de que lo único que había escuchado en mi vidita era cumbia norteña (de la buena, ojo), la melodía me capturó. No sabía inglés como para entender la letra, y sin embargo, la melodía se quedó clavada en mí. Y, como a Annie, me regaló una sonrisa. Eso es lo que te da la música: sonidos que se combinan con sensaciones únicas y memorables. Here comes the sun podría ser calificada como una canción “feliz”, como tantas  otras canciones de los Beatles. Y con justa razón: al escucharla es inevitable sentir que, como canta George Harrison, la frialdad de un invierno largo se va. Y sí, aquellos tiempos gélidos y oscuros han durado siglos, pero eso queda atrás. Llega el sol, y con él, las ganas de vivir, con todas sus cinco letras.
En 1969, los Beatles estaban muy (mal) ocupados con los negocios de Apple. Ellos eran compositores geniales, pero no tenían mucha habilidad para manejar su propia empresa. La tensión en el grupo era fuerte, cosa que Harrison no podía soportar. Estaba harto los problemas, del dinero y los intereses egoístas. Entonces dejó todo eso y fue a la casa de su gran amigo, Eric Clapton. Sentado en el jardín, con su guitarra acústica, pudo encontrar la paz para componer la dulcísima Here Comes the Sun. Los tiempos turbulentos eran interminables para los Beatles, y Harrison supo transformar esa energía oscura en Here Comes the Sun. Esta canción no es más que esperanza viva, ganas de darse un empujón, y hacer solo lo que amaba: componer, cantar, ser él.
Para mí, esta es la mejor canción de los Beatles. No, es la mejor de todas las canciones que he escuchado hasta ahora. Generalmente soy crítica con  la música que escucho. Y sí, el efecto del sintetizador moog le da un plus, la orquestación es la necesaria y la guitarra de Harrison se luce, como siempre. Pero incluso esta calificación es vaga, y no es usual en mí. En esta canción, la sensación prima y no me deja ver más que lo que siento.  Es por canciones como esta que uno siente, se atreve, siente, sonríe, se deja llevar, anula lo malo y se queda con la carnecita del asunto, con lo mejor, con lo bueno de la vida.