domingo, 27 de marzo de 2011

Paul, maybe I'm amazed.

Todo empezó el lunes, aproximadamente a las doce, si me las quiero dar de exacta. Estaba hablando con no sé quién seguramente de algo trivial para matar el tiempo. Y entonces, sucedió. Aixa, con cierto brillito en los ojos que reconozco en mí, suelta la (im)posible noticia, que me ha vuelto (mil veces más) loca toda esta semana:

"MI MAMÁ ACABA DE DECIRME QUE VIO EN EL COMERCIO QUE VIENE PAUL, VIENE PAUL CONFIRMADO"

Inmediatamente, gritamos cual típicas chiquillas invadidas de Beatlemanía en 1962. Mi corazón jamás (ni siquiera enamorada) latió tan rápido, tan fuerte. Me faltaba el aire. Toda yo temblaba, no podía sostenerme, seguir de pie. ¿Podría ser posible? Curiosamente, en la mañana, me recriminé por enésima vez no haber ido a Argentina a verlo y escuchar Yesterday, la canción que cayó del incosciente de Paul (o del cielo, si es que Dios maneja también los sueños)."Aún falta una sola firma, lo demás ya está¡!" Aixa y yo volamos, con la respiración excesivamente agitada y la cabeza desorientada,  en busca de una computadora a confirmar la noticia. Y en efecto, era cierto que venía. Y faltaba una firma. Para cualquiera, esto último obviamente era evidencia de "nos hicieron el cuento, OTRA VEZ". Pero para mí no: iba a ver a un Beatle,mi corazón lo sintió. Y yo no me equivoco con lo que siento.

Ni siquiera yo imaginé sentir tal grado de felicidad en la vida. La emoción superlativa se encargó de que la sonrisa se mantenga intacta mientras las horas corrían. Paul estuvo presente en mí y en mis conversaciones todo el tiempo. Al día siguiente, me salí de una clase por una de LAS llamadas de mi papá: "Hijita, viene Paul McCartney. Acabo de ver la noticia. 9 de mayo es lunes. Tomo un avión y vamos al concierto". Iba a ir al concierto más importante de mi vida, a un concierto de uno de los Beatles, con el hombre que me los presentó. A los 12/13 años me mostró el video de Twist and Shout en el Shea Stadium. "Ellos eran los cantantes más importantes por los años 60s. Eran muy buenos. Su impacto en la música y en el mundo fue grande" Ni mi papá ni yo (que en ese momento apenas presté atención) imaginamos que el impacto también sería grande en mí.

Y es que ellos cambiaron mi vida por completo. Fue en el verano pasado, tenía 16 y el corazón roto por primera vez. Recordé que este músico me dijo una noche: "Los Beatles son fantásticos. Uno se puede pasar todo un día escuchándolos sin aburrirse. No es músico el que no ama a los Beatles" Me detuve a escuchar y solamente a escuchar Baby, It's You. Era hermosa, simplemente etérea. Me capturó, con su solo de celesta y un Lennon apasionado. Y fue así como un amor perdido me dio un amor que durará por siempe. Uno que ha cambiado mi manera de entender la música, de sentir la vida, de entender la esencia y vivir la felicidad. Nada se iguala a esa música tan sublime alimentada de genio curioso. Nada.

Era ya la noche tardía del jueves y me enteré que las conferencias en donde darían toda la información habían sido canceladas. Me estaba negando a renunciar a mi sueño cuando en eso un ángel llamado papá me llama. "Hija,confirmaron lo de Paul. Lo acabo de escuchar en Radio Programas, sí viene". Y, por primera vez, lloré de felicidad.

Sé que muchos han conocido la interminable alegría de cumplir un sueño así de grande. Otros se maravillan de la posibilidad de ver una leyenda musical aquí, en Lima, la que tantas veces antes había sido excluída. Quizá a algunos les halla parecido excesivo mi desborde de emoción. A los que les parecía incomprensible les hice la pregunta "Dime algo que quieras con todas tus ganas, algo que te sustente, que te sea trascendental" Sé que miles en Perú han tenido al corazón a mil de felicidad porque verán a uno de los engreídos de Liverpool.

Por ahí, un beatlemaniaco me escribió.
"Cuando me enteré, no sabes cuánto quería ir a verte y decirte VIENE PAUL! (...) Hay otros fans, pero nadie entiende como tú. Nadie entiende lo que siento"
Es un amor que cambia vidas, que inspira, que enseña a amar, que marca.
Un amor que inundará el Monumental un histórico 9 de mayo.
Es el amor por los Beatles.



P.D: Ya quiero que ese "Na na na na"! peruano se escuche fortísimo, hasta Marte¡!

viernes, 11 de marzo de 2011

Solo imagina.

Ayer sucedió algo que era mínimamente probable.
Lo puedes llamar suerte, astucia. Bien jugado.
Llámalo coincidencia, compasión, extrema consideración.
Yo lo llamo FE.

Tengo tantas utopías en la cabeza.
Tantos sueños, tantas ganas de hacer que las cosas sean diferentes.
Sí, diferentes para todos. Y para mí.
Tengo muchas ilusiones que son realmente (im)posibles.
Me han mandado a rodar tantas veces. Tengo costumbre de ser choteada.

Y qué¿?
Ayer alguien que vivió tiempo infinito atrás rapareció.
Y me dio algo que hace tiempo ni yo me doy:
una segunda oportunidad. Volver a vivir un sueño.
Puedo hacerlo, hacer cualquier cosa.
Si quiero reformar los refundidos planes educativos,
si quiero largarme a estudiar música a Europa,
si quiero pelearme con medio mundo por hacer las cosas bien,
si quiero darle a la paz una oportunidad,
si quiero que empecemos a entender, y por ende, a vivir la justicia,
si quiero amar de verdad, sin miedos sin nombre.
Si quiero con el alma, entonces sé que habré dejado por fin el mero querer.

Pero primero, quiero devolverme el placer de la sonrisa.

"Imagine all the people sharing all the world.
You may say I'm a dreamer, but I'm NOT  the only one"

Gracias a Dios por recordarme con hechos lo que un gran soñador vivió.


jueves, 10 de marzo de 2011

Crónica sobre un par de almas amigas (y algo de música).

Para Maje.

Marzo del 2006.Primer día de clases, segundo año de secundaria, Regina Pacis. Lo recuerdo, sin duda lo recuerdo. Y es que hay sucesos que te marcan indeleblemente, sin querer o queriendo. No sabía qué esperar, cómo actuar, qué decir. Estaba asustada y confundida. Sus voces se oían divertidas, frescas, amables, pero diferentes, y no me podía fiar del todo. Una de ellas, Natalia, se me acercó más, me hablaba con ternura y sencillez. Y entonces te mencionó: “Mi mejor amiga es Maje, hoy no ha venido, es buenísima gente” Le sonreí, no tenía idea de cuánto ibas a significar para mí en los siguientes cuatro años.
Encontré una dedicatoria tuya en una agenda antigua: “Pa’ una chica super, aunque te acabo de conocer ya eres mi amiga, ojalá te vaya muy bien en el cole. TKM. Con cariño, Maje”. Tú, siempre tan alegre, tan cariñosa. Creo que yo nunca podría decirle “amiga” a alguien que recién conozco: yo, tan cerrada. Somos tan diferentes, y si bien esas diferencias nos han hecho discutir y hasta molestarnos tontamente, tengo que reconocerlo: es la causa de que te quiera hasta ahora. De los primeros dos años no recuerdo casi nada, solo el recuerdo escrito y el sonido de unas notas en violín un tanto primariosas, temblorosas, como lo que siento las pocas veces que me enfrento a un público. Por ahí también estaban unas cuantas canciones de High School Musical, los incomparables almuerzos en tu casa, salidas (y un saludo a una amiga de Jimena). Creo que ahí también empezaron las largas conversaciones sobre unas cuantas ilusiones amarradas a canciones de amor.
“Música il mio amore, il primo e ultimo”. Y ella es la que inunda nuestras vidas y nos une. Miles de canciones se me vienen a la cabeza. Regresa a mí, la primera de Il Divo, una cortavenas que sonaba única cuando la cantabas. Ahí nació aquel fanatismo por ese cuarteto de tíos, unas caras bonitas de voces hipnotizantes. “Patty, cuando vayamos a su concierto llevamos un saco de sostenes y se los lanzamos, ¿ya?” Tú soñabas con casarte en Francia con Sebastien Izambard (o, por lo menos, con uno de sus futuros hijos) y yo con David Miller, que me llevaba unos pocos veinte años. Estábamos locas, creo, pero es lo de menos: los sueños utópicos son los más hermosos. Si lo pienso más, veo una diferencia entre esos años adolescentes y mi realismo crudo de ahora, que me mantiene pegada incondicionalmente al suelo, que me hace pensar que nada está a la deriva, porque uno, y nadie más que uno mismo, hace que le pasen las cosas. En el camino me he olvidado de creer en eso que llaman soñar. Pero tú no, y eso es inconcebiblemente hermoso.
Sigamos con las canciones. Una salsa a dueto: Lo grande que es perdonar. “Intocable es tu lugar”, en la voz de Aleks Syntek. Noche de entierro, para tonear. “Alguien soy yo”. Otra historia de amor que acabó con un hijo que podría ser tu ahijado. Porqué será que no te apartas de mi mente, pido la paz para esta guerra, serías mi novia y yo tu príncipe, no sé vivir si no es contigo. Mucho pop que casi he olvidado. Recuerdo que había una canción preciosa, melancólica, la escuchábamos en un viaje de identidad. No recuerdo cuál era, ni siquiera el tono: mente frágil, cómo te quiero. Luego yo empecé a curiosear más y decías “las huevadas que escuchas” cuando escuchaba pop japonés. Fíjate, ahora no soporto escucharlo, como al latin de Viva FM 104.7. Quizá no lo sepas, pero ahora estoy enamorada de los 50s y 60s, lo que nadie escucha. Tan enferma soy. Pero aún me atrapan las canciones del inicio, así que juntarnos para tocarlas de vez en cuando no estaría mal.
No puedo dejar de mencionar a Eje. Yo entré primero, y tú fuiste al siguiente retiro. Me capturó al inicio la idea de comunidad, un grupo de chicos que quería amarse, amar y amar a Dios. Ahí encontramos amigos que sencillamente son imborrables, almas que son leales y confiables, pilares que sostienen. Algo que nos vincula, algo que es algo en esta búsqueda de lo superior. Sin embargo, no llegué a encontrar ese sentido de pertenencia. Por ahora, he decidido parar esta búsqueda sin dejar la claridad de lo que es bueno y lo que no. Tú aún perteneces a este grupo y cantas todos los sábados en el sótano. Quisiera que siempre grites fuerte ese “¡Cristo, yo te amo!”, porque ese es tu camino, es ya un estilo de vida para ti.
El último año voló más rápido de lo que esperaba. Recuerdo las conversaciones en los recreos, inundadas de risas, y de cuando en cuando unas lágrimas. Estábamos a punto de iniciar una nueva etapa: era independencia, curiosidad, ansias, miedo. No queríamos separarnos, dejar de vernos todos los días para que me digas cada cinco minutos ENFERMA cuando decía cosas sin sentido o alguna locura, o cuando no paraba de reír. El último día en Punta Cana. Era ya de noche, habíamos ido a recoger arena blanca en botellas. Nos tomamos fotos y escribíamos cosas en la arena. Nos sentamos, y ahí tú, Estefanía y yo juramos que no nos íbamos a separar nunca. Creo, y creo que tú también, que el último año nos unió más, nos mostró nuestros lados más humanos. Nos abrazó una confianza increíble, que llenó parte de mis inseguridades y vacíos. Sentía que tenía a dos humanas que realmente quería y en las que confiaban, y que estaban ahí para quererme a su modo. Y aunque tú eras la que menos compartía mis ideas y a veces llegábamos a una intolerancia hiriente, sé que toda esa sinceridad era porque realmente te importaba. Incluso nos casamos por Facebook (y luego me dejaste, maldita). Y vivimos historias de casi amor, ambas diferentes, que hasta ahora recordamos y sonreímos.
Ya estamos en el 2010, ha pasado un semestre. Logramos cosas y no logramos otras. Déjame decirte que realmente extrañé tenerte a mi lado casi todos los días de la semana. Si bien podemos jurar estar unidas, es innegable que ahora estamos increíblemente lejos. Solo nos hemos visto unas 5 veces, sino me equivoco. Estoy inmersa en un millón de nuevas posibilidades, he ido tomando rutas, pienso mucho más, pienso diferente. Me tocaron cosas inesperadas: no tienes idea de cuánto eché de menos tener a alguien a quién contarle cómo es estar enamorada por primera vez y poder llorar por aquel error tonto. Si ahora escribo esta crónica es porque a veces olvidamos todo lo bueno que vivimos hace cuatro años. Son más de mil palabras que nos ayudarán a recordar esta amistad y a creer en ella por más lejos que nos sintamos. Una cosa más: esto que escribo a las cuatro de la mañana es también para agradecerte por hacer que te quiera tanto, y hacer que confíe en ti cuando es ahora cuando ya no confío en nadie.
Hace unos días fui a un musical y escuché está preciosa canción: “Vive tu vida hoy, y ríe y ama y canta y sé feliz. No hay tiempo que perder, lo único seguro es hoy”. Quizá ahora todo ha cambiado, tenemos nuevas decisiones que tomar y afrontar, en donde el reto es mantener nuestra esencia en este mundo loco. Quizá nos de miedo lo que venga. Pero quiero que nunca olvides que el mejor de los tiempos es el ahora, y que por nada del mundo debemos dejar de amar y de reír. Créeme, soy muy afortunada: te tengo en mi presente, tengo una amiga a la que amo.

sábado, 5 de marzo de 2011

¿Matarías a Hitler?


Hace una semana, en un taller de la universidad, pasaron una escena de la película “La última cena”. Son cinco jóvenes universitarios, con el liberalismo revoloteando en sus cabezas. Tienen la incesante costumbre de discutir, de lo que sea, pero discuten, argumentan sin parar. Están en plena sobremesa,  y una que otra copa de vino. El más bohemio lanza la pregunta hipotética, que más o menos va así:

Supongamos que existe la fantástica máquina del tiempo. Austria, 1909.  Estás sentado en una taberna, tomando una copa de ginebra. Y en eso, a tu costado se sienta un joven llamado Adolf, sin un testículo. Empiezan a charlar, y a medida que avanza la conversación, te das cuenta de que es nada menos que Adolf Hitler. Pintor frustrado, aún no ha hecho nada, no ha matado a nadie. Sabes lo que hará ¿Qué harías?  ¿Lo matarías?


Desde que tuve conocimiento de los crímenes de genocidio cometidos en el holocausto, detesté a la cabeza que ideó el plan de purificación de la raza aria. Soy (muy) sensible al dolor humano, a la injusticia relativa y la crueldad. Por ello, cuando llegó el momento de discutir con los otros la pregunta dije automáticamente: La respuesta es obvia. SÍ lo mataría. Es más, la discusión aquí no tendría que ser si lo matamos o no. La cuestión sería cómo matarlo. Todos estaban de acuerdo, y claro, sería ilógico rechazar la posibilidad, la oportunidad de evitar aquella masacre sistemática. La indignación está generalizada, lo matamos. Veneno en la ginebra cuando se vaya al baño.Punto.

Y luego, llega un agudo comentario: Nada, nada te asegura que vamos a evitar esas muertes si lo matamos. No sabemos si el mundo va a ser un lugar mejor ahora si lo matamos. A la duda le llegó el turno: todos empezamos a cuestionarnos entre todos.


Que si no fue él, podría haber sido otro.
Otro maldito nazi.

Ese otro hubiera matado más, o menos¿?
Y si era menos¿?

Que Alemania fue tan golpeada en la 1era GM,
que el espíritu de
resentimiento, ira, revancha y otros demonios
eran de esperarse, el odio iba a estallar sí o sí.


Pero con la 2da GM empezó la guerra nuclear,
no lo olviden.


Pero también hubo cosas buenas,
como la creación de la ONU.
 Como aprender de los errores: Miren lo que sacaron de la indemnización de la 1era GM.


Creo que podríamos hablar con él,
aprovechar que es joven aún.
Convencerlo, cargarlo de humanidad.
Nos volvemos sus patas patas!

Pero él ya era así, venía con esa ideología desde chico.
Sería muy difícil cambiarle la cabeza.
El pintaba, pero lo rechazaron en la academia.
Y si lo animamos a que siga pintando¿?

 Sería feliz, y listo, salvamos a medio mundo.


Lo mandamos a París! Sería todo bohemio, con su gorrita!
...hasta podría volverse gay, jaja!


Y si cuando tratamos de convencerlo,
SE NOS VOLTEA : nos vuelve nazis. Ay no!

Eso ya depende de cada uno.
O sino, nos conseguimos uno de esos aparatos
de las películas de acción que nos avise:
ABANDONAR MISION, con una lucecita roja!


O ponte: que seas mujer, y se enamore de ti. O viceversa!
Bueno, también podría pasar con los hombres, eh!

No podemos matarlo.
No, por derechos humanos y eso.
Es cuestión de probabilidades, y si no lo convencemos¿?
Es difícil, probablemente
NO LO CONVENCERÍAMOS NUNCA.
Y no podemos matarlo.  Cambiaríamos toda la historia, todo el mundo, lo que tenemos.
Y si es peor¿?

Saben qué¿? Le mandamos un pasaje a Perú.

Ponte que arme su guerra acá, y en vez del aguila, UN CÓNDOR, jaja!
No nada, si tiene la cabeza malograda,
hasta hace acá un genocidio con los indígenas.
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Terminó la discusión con el joven Adolfito ileso, sus derechos humanos respetados y la risa nos recordó que era tan solo una pregunta hipotética, no nos pongamos tan serios, por favor. Me sorprendió ver que en ningún grupo se decidió matarlo. Bueno, matarlo de arranque, uno dijo que trataría de convencerlo primero, y si no resultaba...Acabó la clase, y, sin embargo, yo aún no sabía si matar o no a Hitler. Planteé la pregunta a amigos: nadie quería matarlo. Es que acaso no se atreven¿? O yo estoy no correcta¿?  Mi mamá me dijo: Yo no lo mato: le digo a alguien para que lo mate. El clásico no, pero sí (o al revés) que hace a medias.

La desazón, amargura, ira pintan mi rostro cuando leo sobre los métodos de eliminación judía, sobre la miserable vida de los refugiados. Cuando veo las imágenes, las fotos de gente que no es gente, sino huesos unidos. Cuando su rostro y todo sus ser grita desesperanza. Cuando escucho cada uno de los disparos en las películas que hablan sobre  esta inhumnidad. Cuando siento la misma maldita impotencia que siente el pianista Szpilman cuando tira  con desesperación de  las piernas de un niño que ha cavado un hueco bajo un muro para conseguir comida que le pasan del otro lado y que en vez de eso, está siendo salvajemente golpeado de este mismo otro lado por un oficial nazi. Cuando Szpilman logra rescatarlo, la criatura está muerta. No lo soporto, no puedo concebirlo. Matar o no matar.

"NO,yo no lo mataría, por una cuestión de principios. Si lo mato, me estaría igualando a él."

Esa fue la resuelta respuesta de mi papá. Y me ayudó a encontrar la mía, y creo que es porque me encontré a mí, a mis raíces, al entorno/cultura que me formó. Encontré mi piso. Creo que Hitler fue un hombre no hombre, un humano deshumanizado. No fue solo su culpa, pero la tuvo. Quizá le tengo una compasión, muy poca, y es que yo también soy una artista frustrada. Pero matar, ¿matar, como él? No, porque si lo mato él, destrozo mi humanidad y me destruyo completamente. Es decir, me mato. Como los típicos crímenes que leo en los kioscos mientras espero la combi: LOS MATA Y LUEGO SE SUICIDA. No, gracias, yo soy humana. A veces, y supongo que le ha de pasar a mucha gente, lo único que soy es un ser emocional que siente y se horroriza con razón. Y luego recuerdo, respiro y pienso. No soy animal, no puedo ser un monstruo. Y no puedo olvidar el amor por la vida.