La escuché cuando tenía, si la memoria es buena conmigo, 8 años. Annie (que en realidad era su gemela Hallie) acababa de llegar a Inglaterra y por fin, después de 11 silenciosos años, conocía a su madre. Mientras esta hablaba por teléfono, Lindsay Lohan se acerca curiosamente a un tocador, toca un collar de perlas y… empieza a sonar aquel hermoso punteo. Desliza suavemente un dedo, con la timidez y delicadeza con que se descubren cosas nuevas. Juega con un adorno de cristales que hacen un suave sonido y no puede evitar sonreír. Luego pasean juntas (otra primera vez) por aquellas calles tan pulcras y pasan por el conocidísimo cruce de líneas blancas del Abbey Road. La escena destila felicidad a borbotones. Una canción dulce y reconfortante que va oportunamente unida a la sonrisa de una pequeña que recién siente lo que es tener una mamá. Here comes the sun, little Darling: It’s all right.
A pesar de que lo único que había escuchado en mi vidita era cumbia norteña (de la buena, ojo), la melodía me capturó. No sabía inglés como para entender la letra, y sin embargo, la melodía se quedó clavada en mí. Y, como a Annie, me regaló una sonrisa. Eso es lo que te da la música: sonidos que se combinan con sensaciones únicas y memorables. Here comes the sun podría ser calificada como una canción “feliz”, como tantas otras canciones de los Beatles. Y con justa razón: al escucharla es inevitable sentir que, como canta George Harrison, la frialdad de un invierno largo se va. Y sí, aquellos tiempos gélidos y oscuros han durado siglos, pero eso queda atrás. Llega el sol, y con él, las ganas de vivir, con todas sus cinco letras.
En 1969, los Beatles estaban muy (mal) ocupados con los negocios de Apple. Ellos eran compositores geniales, pero no tenían mucha habilidad para manejar su propia empresa. La tensión en el grupo era fuerte, cosa que Harrison no podía soportar. Estaba harto los problemas, del dinero y los intereses egoístas. Entonces dejó todo eso y fue a la casa de su gran amigo, Eric Clapton. Sentado en el jardín, con su guitarra acústica, pudo encontrar la paz para componer la dulcísima Here Comes the Sun. Los tiempos turbulentos eran interminables para los Beatles, y Harrison supo transformar esa energía oscura en Here Comes the Sun. Esta canción no es más que esperanza viva, ganas de darse un empujón, y hacer solo lo que amaba: componer, cantar, ser él.
Para mí, esta es la mejor canción de los Beatles. No, es la mejor de todas las canciones que he escuchado hasta ahora. Generalmente soy crítica con la música que escucho. Y sí, el efecto del sintetizador moog le da un plus, la orquestación es la necesaria y la guitarra de Harrison se luce, como siempre. Pero incluso esta calificación es vaga, y no es usual en mí. En esta canción, la sensación prima y no me deja ver más que lo que siento. Es por canciones como esta que uno siente, se atreve, siente, sonríe, se deja llevar, anula lo malo y se queda con la carnecita del asunto, con lo mejor, con lo bueno de la vida.
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