"Sin los campesinos pobres, no hay revolución. Negar su papel es negar la revolución. Atacarlos es atacar la revolución"
MAO ZEDONG
Ya han pasado más de 50 años desde que Sendero Luminoso surgió en Ayacucho, apoyándose en los discursos comunistas de Mao, Marx y Lenin. Querían una revolución, un cambio hacia una nueva sociedad, iluminada por lo único real: para ellos, todo, excepto el partido, era ilusión. Intelectuales y universitarios mestizos se unieron en busca del progreso que representaba la educación. No querían más dominación, querían pasar de ser nada, de ser ignorados, de ser los grandes discriminados, A SER ALGO EN EL PERU. Ser algo, en ese entonces, era una realidad limitada a la modernización costeña, específicamente al estrato alto. Ser algo. Ser o no ser: he ahí el dilema.
Aquellos inundados de resentimiento por los explotadores (los mistis) y los que querían una solución al problema eterno de la injusticia peruana vieron al Mesías en Abimael. El presidente Gonzalo se mostraba muy intelectual, muy frío, muy firme, omnipotente, él tenía la razón. Los camaradas intelectuales sembraron la semilla de la lucha popular en los sectores más pobres de la Sierra, logrando seguidores apasionados y numerosos. Para ellos, el cambio estaba más cerca que nunca, y se necesitaba una verdadera revolución, que debía ser concretada. Debía, y no importaba si se usaba la violencía para el fin. Maquiavelo, gran maestro.
La desesperación, la ignorancia, la injusticia, la pobreza. Flagelos que perduran en nuestro Perú (el de Mario, Gastón, Juan Diego y Machu Picchu), en menor intensidad, pero ahí están. La economía ha salido muy bien plantada y parada de todo el caos inflacionario, logro reconocido en los cuatro puntos cardinales del planeta. Y sí, ahora los que migraron en busca de algo mejor lo han obtenido con (mucha) paciencia y buen humor. Tenemos centros comerciales por doquier, ha aumentado el poder adquisitivo. Consume y sé feliz. Pero que ese no sea el colchón, la excusa para seguir postergando reformas, verdaderos proyectos de cambio a largo plazo y bien estructurados. Nada de parches, nada de obras como las que los alcaldes se alocaban por hacer a semanas de las elecciones municipales. El dinero existe, listo, ¡felicitaciones! El meollo del asunto está en elegir qué es primero, qué necesitamos, aunque sea difícil, aunque se tarde.
¿Qué necesitamos/queremos? Que la historia no se repita, por lo que más amemos,que no olvidemos por dónde pasamos para llegar a ser lo que somos. Ser hincha del Perú es una ardua tarea, considerando nuestra historia, los triunfos, los ratos amargos (amarguísimos). Si amamos lo que somos y somos el Perú, reconoceremos y aprenderemos los errores pasados para formar poco a poco el país justo y la patria con la que la mayoría de los peruanos hemos alucinado aunque sea por un instante. Hace poquitísimo le pregunté a un sociólogo si las masacres ejecutadas por SL y el MRTA no eran motivos suficientes para pensar que el terrorismo nunca regresaría. Respondió que si uno de los sectores más flagelados por el terror por la razón había votado en el 2006 por Ollanta Humala, el candidato presidencial de discurso radical, probablemente puedan encontrar apoyo a sus ataques disimulados (son pocos, pero son) y expandir su credo modificado por la flexibilidad y las ganas de camuflarse. Y me decepcioné, porque creí que era nula la posibilidad de repetir plato.
"Todos queremos un mundo mejor", frase cliché. Pero que no se quede en mera ilusión, porque a veces grandes sueños se olvidan y estancan por un buen par: el egoísmo y la flojera. Es difícil hacer una reforma integral, pero así es: lo bueno cuesta (esfuerzo, dinero, ganas, gente), y cuesta mucho. Los campesinos que querían a su mundo mejor apoyaron a Sendero para luego darse cuenta de que estos no respetaban los intereses más importantes: los derechos humanos. Se necesita un cambio humano, creado por humanos, que no se olviden de las necesidades humanas del país. La desazón que deja la injusticia puede ocasionar el olvido de toda la gente que murió inocentemente, que luchó contra la lucha popular. Porque ya se sabe: "Si no hay solución, la huelga continúa..."
La desesperación, la ignorancia, la injusticia, la pobreza. Flagelos que perduran en nuestro Perú (el de Mario, Gastón, Juan Diego y Machu Picchu), en menor intensidad, pero ahí están. La economía ha salido muy bien plantada y parada de todo el caos inflacionario, logro reconocido en los cuatro puntos cardinales del planeta. Y sí, ahora los que migraron en busca de algo mejor lo han obtenido con (mucha) paciencia y buen humor. Tenemos centros comerciales por doquier, ha aumentado el poder adquisitivo. Consume y sé feliz. Pero que ese no sea el colchón, la excusa para seguir postergando reformas, verdaderos proyectos de cambio a largo plazo y bien estructurados. Nada de parches, nada de obras como las que los alcaldes se alocaban por hacer a semanas de las elecciones municipales. El dinero existe, listo, ¡felicitaciones! El meollo del asunto está en elegir qué es primero, qué necesitamos, aunque sea difícil, aunque se tarde.
¿Qué necesitamos/queremos? Que la historia no se repita, por lo que más amemos,que no olvidemos por dónde pasamos para llegar a ser lo que somos. Ser hincha del Perú es una ardua tarea, considerando nuestra historia, los triunfos, los ratos amargos (amarguísimos). Si amamos lo que somos y somos el Perú, reconoceremos y aprenderemos los errores pasados para formar poco a poco el país justo y la patria con la que la mayoría de los peruanos hemos alucinado aunque sea por un instante. Hace poquitísimo le pregunté a un sociólogo si las masacres ejecutadas por SL y el MRTA no eran motivos suficientes para pensar que el terrorismo nunca regresaría. Respondió que si uno de los sectores más flagelados por el terror por la razón había votado en el 2006 por Ollanta Humala, el candidato presidencial de discurso radical, probablemente puedan encontrar apoyo a sus ataques disimulados (son pocos, pero son) y expandir su credo modificado por la flexibilidad y las ganas de camuflarse. Y me decepcioné, porque creí que era nula la posibilidad de repetir plato.
"Todos queremos un mundo mejor", frase cliché. Pero que no se quede en mera ilusión, porque a veces grandes sueños se olvidan y estancan por un buen par: el egoísmo y la flojera. Es difícil hacer una reforma integral, pero así es: lo bueno cuesta (esfuerzo, dinero, ganas, gente), y cuesta mucho. Los campesinos que querían a su mundo mejor apoyaron a Sendero para luego darse cuenta de que estos no respetaban los intereses más importantes: los derechos humanos. Se necesita un cambio humano, creado por humanos, que no se olviden de las necesidades humanas del país. La desazón que deja la injusticia puede ocasionar el olvido de toda la gente que murió inocentemente, que luchó contra la lucha popular. Porque ya se sabe: "Si no hay solución, la huelga continúa..."
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